Fe & Propósito
Iglesias cristianas llaman a enfrentar la violencia en República Dominicana
Líderes cristianos expresaron preocupación por la violencia en el país mientras continúan fortaleciendo iniciativas sociales y de diálogo religioso
Las iglesias cristianas en la República Dominicana han mantenido una activa participación en temas sociales, comunitarios y de libertad religiosa durante las últimas semanas, en medio de la creciente preocupación por la violencia y los feminicidios que afectan al país.
Uno de los pronunciamientos más destacados fue realizado por el Consejo Dominicano de la Unidad Evangélica, cuyos líderes hicieron un llamado urgente a las autoridades y a la sociedad dominicana para enfrentar el aumento de los hechos violentos y fortalecer los valores familiares y comunitarios.
El liderazgo evangélico expresó preocupación ante la frecuencia de feminicidios y otros actos de violencia registrados en los últimos meses, exhortando a promover iniciativas de prevención, orientación y acompañamiento social.
- Libertad religiosa y diálogo interreligioso
En otro escenario, se celebró en Punta Cana el tercer simposio regional sobre libertad religiosa, un evento que reunió representantes de distintas organizaciones e instituciones religiosas.
La actividad contó con la participación de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) y la Oficina de Enlace del Poder Ejecutivo con la Comunidad Cristiana.
Durante el encuentro se abordaron temas relacionados con la convivencia, la libertad de culto y el fortalecimiento del diálogo entre sectores religiosos y gubernamentales.
- Hechos que generan consternación
En La Romana, la comunidad cristiana también se vio impactada por hechos recientes que generaron gran conmoción.
Entre ellos, la muerte de una mujer evangélica que habría sido asesinada tras salir de una jornada de oración, así como el hallazgo sin vida de un joven en un centro evangélico de esa provincia.
Ambos casos han provocado reacciones de dolor y llamados a la reflexión dentro de distintos sectores religiosos.
- Gobierno mantiene apoyo a iglesias
Por otro lado, el Gobierno dominicano continúa desarrollando iniciativas de apoyo a comunidades religiosas mediante la restauración y mejora de infraestructuras.
Recientemente, el Ministerio Administrativo de la Presidencia respaldó trabajos de remodelación en la parroquia San Francisco Javier, ubicada en San José de Ocoa.
Asimismo, se reportaron encuentros entre representantes gubernamentales y sectores evangélicos a finales de abril, como parte de los esfuerzos de diálogo institucional.
- Crecimiento de la comunidad evangélica
De acuerdo con datos recientes, cerca del 30 % de la población dominicana se identifica como evangélica, mientras que el país cuenta con aproximadamente 18,000 congregaciones distribuidas en distintas provincias.
El crecimiento de las comunidades cristianas y su participación en temas sociales continúa convirtiendo a las iglesias en actores relevantes dentro de la vida pública y comunitaria del país.
Fe & Propósito
Más de 125 vidas dan un paso de fe en Cristo durante bautismo en el Centro Cristiano Soplo de Vida
El Centro Cristiano Soplo de Vida celebró la presentación de más de 125 nuevos bautizados, entre ellos el artista urbano Enmanuel Herrera Batista (El Alfa), en una jornada que simboliza el inicio de una nueva vida en Cristo y el compromiso de formar discípulos para servir con propósito y esperanza.
El Centro Cristiano Soplo de Vida vive este fin de semana uno de los momentos más significativos de su vida congregacional con la presentación oficial de más de 125 nuevos bautizados, hombres y mujeres que decidieron dar un paso público de fe al entregar sus vidas a Jesucristo.
La ceremonia, celebrada este sábado 4 de julio, representa mucho más que un acto simbólico. Para la comunidad cristiana, el bautismo es la manifestación pública de una decisión espiritual que marca el inicio de una nueva vida, basada en la fe, el discipulado y el compromiso con Dios.
Entre los nuevos creyentes figura el artista urbano Enmanuel Herrera Batista, conocido artísticamente como El Alfa, cuya decisión de bautizarse ha despertado el interés de miles de personas dentro y fuera del ámbito cristiano. Sin embargo, para la iglesia, cada una de las más de 125 personas que hoy forman parte de esta celebración tiene el mismo valor delante de Dios.


La jornada ha sido recibida con alegría por toda la congregación, que considera esta nueva generación de bautizados como una abundante cosecha espiritual y el resultado del trabajo evangelístico, la oración y el acompañamiento pastoral desarrollado durante los últimos meses.
A partir de este momento, los nuevos creyentes iniciarán un proceso de formación y discipulado que les permitirá fortalecer su relación con Dios, crecer en el conocimiento de la Palabra y descubrir los dones con los que podrán servir en los diferentes ministerios del Centro Cristiano Soplo de Vida.
Más que sumar miembros a una congregación, la iglesia celebra el nacimiento de vidas renovadas que comienzan una nueva historia marcada por la esperanza, el propósito y el amor de Cristo.
La Biblia expresa esta transformación con una de las promesas más poderosas del Evangelio: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17).
Para la comunidad de Soplo de Vida, esta celebración no representa un punto de llegada, sino el comienzo de un camino en el que cada creyente será acompañado para crecer espiritualmente, servir con amor y convertirse en un instrumento de bendición para su familia, su comunidad y la sociedad.
Porque cuando una persona encuentra a Cristo, no solo cambia una historia: también nace una nueva esperanza para el mundo.
«El cielo no celebra la fama de quienes llegan a Cristo; celebra que un hijo que estaba lejos ha vuelto a casa.»
Fe & Propósito
La fuerza de la amistad: el amor que Dios usa para levantarnos del polvo
Hay amores que hacen latir el corazón con intensidad. Otros nos enseñan a servir, a cuidar y a entregarnos. Los griegos identificaban distintas expresiones del amor: el eros, relacionado con la atracción; el storge, que florece en la familia; el ágape, que representa el amor sacrificial e incondicional; y el philia, ese amor que nace de la amistad genuina.
Quizás porque vivimos en una sociedad que suele colocar el amor romántico en el centro de todas las historias, olvidamos con frecuencia el enorme poder que tiene la amistad. Sin embargo, basta mirar nuestra propia vida para descubrir que algunos de los momentos más difíciles no los superamos gracias a una pareja, sino gracias a un amigo.
Un amigo tiene la capacidad de sentarse a nuestro lado cuando el mundo entero parece haberse levantado de la mesa.
Tiene la capacidad de escuchar cuando ya no tenemos fuerzas para explicar lo que sentimos.
Tiene la capacidad de secar lágrimas sin pronunciar una sola palabra.
Y, en ocasiones, tiene la capacidad de devolvernos la esperanza cuando nosotros mismos la hemos perdido.
La Biblia está llena de historias que evidencian el valor de la amistad. Jesús mismo, siendo Dios hecho hombre, decidió caminar acompañado. Tuvo discípulos, pero también amigos. Entre ellos estaban Marta, María y Lázaro, personas a quienes amaba profundamente. Cuando recibió la noticia de la muerte de Lázaro, el Evangelio registra uno de los versículos más cortos y más conmovedores de toda la Escritura: «Jesús lloró».
El Salvador del mundo lloró por un amigo.
Ese detalle nos recuerda que la amistad no es un sentimiento secundario. Es un regalo divino. Es una expresión del amor de Dios manifestada a través de personas comunes que deciden quedarse cuando otros se marchan.
Jesús también tuvo amigos más cercanos que otros. Pedro, Jacobo y Juan estuvieron presentes en momentos íntimos de su ministerio. Esto nos enseña algo importante: no todas las relaciones tienen la misma profundidad, y está bien que así sea. Hay amistades para caminar un tramo del camino y hay amistades que se convierten en familia elegida.
Y qué bendición tan grande son esas personas.
Esos amigos que, aun cargando sus propias batallas, encuentran fuerzas para ayudarte a cargar las tuyas.
Esos que llaman cuando perciben que algo no anda bien.
Esos que oran por ti cuando ya no encuentras palabras para orar.
Esos que celebran tus victorias sin envidia y acompañan tus derrotas sin juzgarte.
Vivimos tiempos donde abundan los contactos, pero escasean las conexiones profundas. Por eso la amistad verdadera se ha convertido en uno de los tesoros más valiosos que una persona puede poseer.
No escribo estas líneas desde la teoría.
Las escribo desde la gratitud.
Porque he conocido el dolor, la incertidumbre y la tristeza.
Pero también he conocido el abrazo oportuno, la llamada inesperada, la palabra precisa y la compañía silenciosa de amigos que Dios colocó en mi camino.
He visto cómo la amistad puede convertir el llanto en esperanza.
Cómo puede transformar una noche oscura en una mañana soportable.
Cómo puede devolverle color a una vida que parecía haberse quedado sin luz.
Por eso hoy quiero honrar a esos amigos que han sido refugio en medio de las tormentas.
A esos que han sostenido mis brazos cuando estaban cansados.
A esos que han permanecido cuando hubiera sido más fácil marcharse.
A esos que, sin saberlo muchas veces, han sido instrumentos de Dios para levantarme del polvo.
Porque al final, la amistad verdadera no es solamente una relación humana.
Es una de las formas más hermosas en que Dios nos recuerda que nunca fuimos creados para caminar solos.
«En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.» — Proverbios 17:17
Editorial.
Fe & Propósito
“Dios me sostuvo”: la historia de fe que ayudó a un padre dominicano a levantarse tras una tragedia
Tres meses después de entregar su vida a Cristo, Juan Ramón Batista enfrentó la tragedia más devastadora de su existencia: perdió a su esposa y a sus dos hijos en un incendio. Más de dos décadas después, asegura que fue la fe en Dios la que le permitió superar el dolor, reconstruir su hogar y convertirse en un ejemplo de perseverancia y esperanza.
Hay historias que trascienden el éxito económico y se convierten en testimonios de fe, resiliencia y propósito. La de Juan Ramón Batista Mota, conocido popularmente como «Chimi Claudio», es una de ellas.
Hoy es reconocido por generaciones de clientes que han visitado su negocio durante más de cuatro décadas. Sin embargo, detrás de su sonrisa y su espíritu optimista existe una historia marcada por una profunda pérdida que puso a prueba su capacidad de seguir adelante.
A finales de 1999, Juan Ramón tomó una de las decisiones más importantes de su vida: entregó su corazón a Cristo. Lo que no imaginaba era que apenas tres meses después enfrentaría la prueba más difícil que jamás habría imaginado.
El incendio que le arrebató a su familia
En el año 2000, un incendio consumió su hogar mientras su esposa y sus dos hijos dormían.
Aquella mañana, el humo acabó con la vida de sus seres más queridos antes de que pudiera auxiliarlos.
«Perdí a mi primera familia. Perdí a mis dos hijos, de 13 y 14 años, y a mi esposa», recuerda.
La tragedia dejó una herida profunda que lo sumergió en la tristeza y la impotencia.
«Yo me sentía mal. Sentía impotencia porque no pude hacer nada. Ellos murieron y el único que quedó vivo fui yo».
La fe como refugio en medio del dolor
En medio de la oscuridad emocional, Juan Ramón encontró refugio en la fe que había abrazado poco tiempo antes.
Convencido de que Dios lo había preparado para enfrentar aquel momento, asegura que su relación con el Señor fue determinante para no rendirse.
«Lo que sí puedo decir es que si yo no hubiese estado buscando de Dios, no se sabe lo que hubiese sido de mí».
Su participación activa en la iglesia, la oración y el acompañamiento espiritual le ayudaron a encontrar sentido en medio del sufrimiento.
Aunque reconoce que atravesó episodios de depresión y desesperanza, nunca perdió la convicción de que Dios tenía un propósito para su vida.
Volver a comenzar
Tras la tragedia, Juan Ramón tuvo que apartarse temporalmente de su negocio. Sin fuerzas y con el corazón quebrantado, dejó en manos de otros la administración de la fuente de ingresos que había construido con tanto sacrificio.
Sin embargo, comprendió que debía levantarse.
Recuperó el control de su trabajo y poco a poco volvió a encontrar motivos para seguir adelante.
Con el paso de los años, la vida comenzó a regalarle nuevas oportunidades.
Tres años después de la tragedia conoció a la mujer que se convertiría en su compañera de vida y con quien formó una nueva familia.
Hoy es padre de cuatro hijos y abuelo de dos nietos.
Una segunda oportunidad
Para Juan Ramón, cada etapa de su vida ha estado marcada por la gracia de Dios.
Incluso cuando volvió a enfrentar una experiencia traumática en 2015, cuando la explosión del tanque de gas de un vehículo provocó un incendio que puso en peligro su vida, mantuvo intacta su confianza en el Señor.
«Estoy vivo para contarlo», afirma con gratitud.
Aunque aquel accidente dejó secuelas físicas, asegura que fortaleció aún más su convicción de que Dios ha guiado cada paso de su camino.
Un mensaje de esperanza
Más allá de los reconocimientos por su negocio y de los años de trabajo constante, Juan Ramón considera que su mayor legado es demostrar que es posible levantarse después del dolor.
Su historia es un recordatorio de que la fe no elimina las dificultades, pero puede convertirse en el sostén necesario para atravesarlas.
Hoy, más de dos décadas después de aquella tragedia, continúa compartiendo un mensaje sencillo pero poderoso:
«Dios me dio fuerzas para seguir cuando yo pensaba que ya no podía más».
Y quizás esa sea la enseñanza más profunda de su testimonio: que incluso en medio de las pérdidas más dolorosas, siempre puede existir una nueva oportunidad para vivir, creer y volver a empezar.
