Fe & Propósito
El cine contará la historia de la evangelista que impactó al mundo con milagros
La vida y ministerio de Kathryn Kuhlman serán llevados al cine en una película inspirada en su legado de fe, milagros y sanidad.
La vida de Kathryn Kuhlman, una nueva película biográfica basada en la fe que promete impactar a creyentes alrededor del mundo. Una de las evangelistas más influyentes y recordadas del siglo XX.
El largometraje llevará por nombre Heaven’s Dance y estará centrado en el ministerio de sanidad, milagros y avivamiento espiritual que convirtió a Kuhlman en una figura emblemática del cristianismo contemporáneo.
Una película inspirada en milagros y fe
Según informó Charisma Magazine, la producción buscará acercar el legado espiritual de Kathryn Kuhlman a las nuevas generaciones, mostrando no solo los testimonios de sanidad que marcaron su ministerio, sino también sus luchas personales, su intimidad con Dios y su dependencia absoluta del Espíritu Santo.
La película será protagonizada por la actriz y evangelista Gemma Wenger, mientras que la dirección estará a cargo del cineasta Richard Rossi, conocido por producir contenidos inspirados en líderes cristianos y sanadores.
El rodaje comenzará este verano entre Pittsburgh y Los Ángeles.
“Estamos haciendo una película con fe”
Richard Rossi aseguró que el proyecto será desarrollado bajo una visión espiritual y no únicamente cinematográfica.
“Queremos que Heaven’s Dance sea una producción guiada por el Espíritu Santo que honre a una de las evangelistas más influyentes del siglo XX”, expresó el director.
Además, afirmó que el equipo está confiando plenamente en Dios para sacar adelante la producción.
“Estamos haciendo una película sobre la fe y la estamos haciendo con fe”.
Una actriz marcada por el ministerio de Kuhlman.
Uno de los elementos que más ha llamado la atención es la historia personal de Gemma Wenger con Kathryn Kuhlman.
La actriz reveló que cuando era niña asistió a los servicios de sanidad que Kuhlman realizaba en el Shrine Auditorium de Los Ángeles y que quedó profundamente impactada por la presencia de Dios que experimentó allí.
“Sentí la imponente presencia del Señor. Nunca imaginé que Dios me permitiría interpretar a la persona que vi en ese escenario”, confesó Wenger.
La actriz aseguró además que considera a Kathryn Kuhlman “la mayor evangelista sanadora de la historia”.
El Espíritu Santo fue clave en el casting
La directora de casting, Lynn Marie, reveló que varias actrices reconocidas audicionaron para el papel principal, incluyendo ganadoras del Óscar.
Sin embargo, afirmó que los productores entendieron que el personaje requería algo más profundo que talento actoral.
“El Espíritu Santo indicó que la persona correcta debía comprender verdaderamente la unción de Kathryn Kuhlman”.
¿Quién fue Kathryn Kuhlman?
Kathryn Kuhlman nació en Missouri en 1907 y se convirtió en una de las predicadoras más influyentes del movimiento pentecostal y carismático.
Sus cruzadas de milagros y sanidad llegaron a reunir a miles de personas en ciudades como Pittsburgh y Tulsa, donde multitudes aseguraban haber recibido sanidades físicas, restauración emocional y encuentros sobrenaturales con Dios.
Fue ampliamente conocida por frases como:
«No constricten a mi amigo el Espiritu Santo»
“Yo creo en los milagros”.
Aunque muchas personas la admiraban por los milagros ocurridos en sus reuniones, Kuhlman insistía constantemente en que el enfoque nunca debía estar sobre ella, sino sobre el poder del Espíritu Santo.
Una película que podría impactar a nuevas generaciones
Los realizadores consideran que Heaven’s Dance podría convertirse en una de las producciones cristianas más importantes de los próximos años, especialmente en una época donde el cine basado en la fe continúa creciendo a nivel mundial.
La película buscará inspirar a las personas a creer nuevamente en la oración, la sanidad y la manifestación del poder de Dios en la vida cotidiana.
Fe & Propósito
Más de 125 vidas dan un paso de fe en Cristo durante bautismo en el Centro Cristiano Soplo de Vida
El Centro Cristiano Soplo de Vida celebró la presentación de más de 125 nuevos bautizados, entre ellos el artista urbano Enmanuel Herrera Batista (El Alfa), en una jornada que simboliza el inicio de una nueva vida en Cristo y el compromiso de formar discípulos para servir con propósito y esperanza.
El Centro Cristiano Soplo de Vida vive este fin de semana uno de los momentos más significativos de su vida congregacional con la presentación oficial de más de 125 nuevos bautizados, hombres y mujeres que decidieron dar un paso público de fe al entregar sus vidas a Jesucristo.
La ceremonia, celebrada este sábado 4 de julio, representa mucho más que un acto simbólico. Para la comunidad cristiana, el bautismo es la manifestación pública de una decisión espiritual que marca el inicio de una nueva vida, basada en la fe, el discipulado y el compromiso con Dios.
Entre los nuevos creyentes figura el artista urbano Enmanuel Herrera Batista, conocido artísticamente como El Alfa, cuya decisión de bautizarse ha despertado el interés de miles de personas dentro y fuera del ámbito cristiano. Sin embargo, para la iglesia, cada una de las más de 125 personas que hoy forman parte de esta celebración tiene el mismo valor delante de Dios.


La jornada ha sido recibida con alegría por toda la congregación, que considera esta nueva generación de bautizados como una abundante cosecha espiritual y el resultado del trabajo evangelístico, la oración y el acompañamiento pastoral desarrollado durante los últimos meses.
A partir de este momento, los nuevos creyentes iniciarán un proceso de formación y discipulado que les permitirá fortalecer su relación con Dios, crecer en el conocimiento de la Palabra y descubrir los dones con los que podrán servir en los diferentes ministerios del Centro Cristiano Soplo de Vida.
Más que sumar miembros a una congregación, la iglesia celebra el nacimiento de vidas renovadas que comienzan una nueva historia marcada por la esperanza, el propósito y el amor de Cristo.
La Biblia expresa esta transformación con una de las promesas más poderosas del Evangelio: «De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas» (2 Corintios 5:17).
Para la comunidad de Soplo de Vida, esta celebración no representa un punto de llegada, sino el comienzo de un camino en el que cada creyente será acompañado para crecer espiritualmente, servir con amor y convertirse en un instrumento de bendición para su familia, su comunidad y la sociedad.
Porque cuando una persona encuentra a Cristo, no solo cambia una historia: también nace una nueva esperanza para el mundo.
«El cielo no celebra la fama de quienes llegan a Cristo; celebra que un hijo que estaba lejos ha vuelto a casa.»
Fe & Propósito
La fuerza de la amistad: el amor que Dios usa para levantarnos del polvo
Hay amores que hacen latir el corazón con intensidad. Otros nos enseñan a servir, a cuidar y a entregarnos. Los griegos identificaban distintas expresiones del amor: el eros, relacionado con la atracción; el storge, que florece en la familia; el ágape, que representa el amor sacrificial e incondicional; y el philia, ese amor que nace de la amistad genuina.
Quizás porque vivimos en una sociedad que suele colocar el amor romántico en el centro de todas las historias, olvidamos con frecuencia el enorme poder que tiene la amistad. Sin embargo, basta mirar nuestra propia vida para descubrir que algunos de los momentos más difíciles no los superamos gracias a una pareja, sino gracias a un amigo.
Un amigo tiene la capacidad de sentarse a nuestro lado cuando el mundo entero parece haberse levantado de la mesa.
Tiene la capacidad de escuchar cuando ya no tenemos fuerzas para explicar lo que sentimos.
Tiene la capacidad de secar lágrimas sin pronunciar una sola palabra.
Y, en ocasiones, tiene la capacidad de devolvernos la esperanza cuando nosotros mismos la hemos perdido.
La Biblia está llena de historias que evidencian el valor de la amistad. Jesús mismo, siendo Dios hecho hombre, decidió caminar acompañado. Tuvo discípulos, pero también amigos. Entre ellos estaban Marta, María y Lázaro, personas a quienes amaba profundamente. Cuando recibió la noticia de la muerte de Lázaro, el Evangelio registra uno de los versículos más cortos y más conmovedores de toda la Escritura: «Jesús lloró».
El Salvador del mundo lloró por un amigo.
Ese detalle nos recuerda que la amistad no es un sentimiento secundario. Es un regalo divino. Es una expresión del amor de Dios manifestada a través de personas comunes que deciden quedarse cuando otros se marchan.
Jesús también tuvo amigos más cercanos que otros. Pedro, Jacobo y Juan estuvieron presentes en momentos íntimos de su ministerio. Esto nos enseña algo importante: no todas las relaciones tienen la misma profundidad, y está bien que así sea. Hay amistades para caminar un tramo del camino y hay amistades que se convierten en familia elegida.
Y qué bendición tan grande son esas personas.
Esos amigos que, aun cargando sus propias batallas, encuentran fuerzas para ayudarte a cargar las tuyas.
Esos que llaman cuando perciben que algo no anda bien.
Esos que oran por ti cuando ya no encuentras palabras para orar.
Esos que celebran tus victorias sin envidia y acompañan tus derrotas sin juzgarte.
Vivimos tiempos donde abundan los contactos, pero escasean las conexiones profundas. Por eso la amistad verdadera se ha convertido en uno de los tesoros más valiosos que una persona puede poseer.
No escribo estas líneas desde la teoría.
Las escribo desde la gratitud.
Porque he conocido el dolor, la incertidumbre y la tristeza.
Pero también he conocido el abrazo oportuno, la llamada inesperada, la palabra precisa y la compañía silenciosa de amigos que Dios colocó en mi camino.
He visto cómo la amistad puede convertir el llanto en esperanza.
Cómo puede transformar una noche oscura en una mañana soportable.
Cómo puede devolverle color a una vida que parecía haberse quedado sin luz.
Por eso hoy quiero honrar a esos amigos que han sido refugio en medio de las tormentas.
A esos que han sostenido mis brazos cuando estaban cansados.
A esos que han permanecido cuando hubiera sido más fácil marcharse.
A esos que, sin saberlo muchas veces, han sido instrumentos de Dios para levantarme del polvo.
Porque al final, la amistad verdadera no es solamente una relación humana.
Es una de las formas más hermosas en que Dios nos recuerda que nunca fuimos creados para caminar solos.
«En todo tiempo ama el amigo, y es como un hermano en tiempo de angustia.» — Proverbios 17:17
Editorial.
Fe & Propósito
“Dios me sostuvo”: la historia de fe que ayudó a un padre dominicano a levantarse tras una tragedia
Tres meses después de entregar su vida a Cristo, Juan Ramón Batista enfrentó la tragedia más devastadora de su existencia: perdió a su esposa y a sus dos hijos en un incendio. Más de dos décadas después, asegura que fue la fe en Dios la que le permitió superar el dolor, reconstruir su hogar y convertirse en un ejemplo de perseverancia y esperanza.
Hay historias que trascienden el éxito económico y se convierten en testimonios de fe, resiliencia y propósito. La de Juan Ramón Batista Mota, conocido popularmente como «Chimi Claudio», es una de ellas.
Hoy es reconocido por generaciones de clientes que han visitado su negocio durante más de cuatro décadas. Sin embargo, detrás de su sonrisa y su espíritu optimista existe una historia marcada por una profunda pérdida que puso a prueba su capacidad de seguir adelante.
A finales de 1999, Juan Ramón tomó una de las decisiones más importantes de su vida: entregó su corazón a Cristo. Lo que no imaginaba era que apenas tres meses después enfrentaría la prueba más difícil que jamás habría imaginado.
El incendio que le arrebató a su familia
En el año 2000, un incendio consumió su hogar mientras su esposa y sus dos hijos dormían.
Aquella mañana, el humo acabó con la vida de sus seres más queridos antes de que pudiera auxiliarlos.
«Perdí a mi primera familia. Perdí a mis dos hijos, de 13 y 14 años, y a mi esposa», recuerda.
La tragedia dejó una herida profunda que lo sumergió en la tristeza y la impotencia.
«Yo me sentía mal. Sentía impotencia porque no pude hacer nada. Ellos murieron y el único que quedó vivo fui yo».
La fe como refugio en medio del dolor
En medio de la oscuridad emocional, Juan Ramón encontró refugio en la fe que había abrazado poco tiempo antes.
Convencido de que Dios lo había preparado para enfrentar aquel momento, asegura que su relación con el Señor fue determinante para no rendirse.
«Lo que sí puedo decir es que si yo no hubiese estado buscando de Dios, no se sabe lo que hubiese sido de mí».
Su participación activa en la iglesia, la oración y el acompañamiento espiritual le ayudaron a encontrar sentido en medio del sufrimiento.
Aunque reconoce que atravesó episodios de depresión y desesperanza, nunca perdió la convicción de que Dios tenía un propósito para su vida.
Volver a comenzar
Tras la tragedia, Juan Ramón tuvo que apartarse temporalmente de su negocio. Sin fuerzas y con el corazón quebrantado, dejó en manos de otros la administración de la fuente de ingresos que había construido con tanto sacrificio.
Sin embargo, comprendió que debía levantarse.
Recuperó el control de su trabajo y poco a poco volvió a encontrar motivos para seguir adelante.
Con el paso de los años, la vida comenzó a regalarle nuevas oportunidades.
Tres años después de la tragedia conoció a la mujer que se convertiría en su compañera de vida y con quien formó una nueva familia.
Hoy es padre de cuatro hijos y abuelo de dos nietos.
Una segunda oportunidad
Para Juan Ramón, cada etapa de su vida ha estado marcada por la gracia de Dios.
Incluso cuando volvió a enfrentar una experiencia traumática en 2015, cuando la explosión del tanque de gas de un vehículo provocó un incendio que puso en peligro su vida, mantuvo intacta su confianza en el Señor.
«Estoy vivo para contarlo», afirma con gratitud.
Aunque aquel accidente dejó secuelas físicas, asegura que fortaleció aún más su convicción de que Dios ha guiado cada paso de su camino.
Un mensaje de esperanza
Más allá de los reconocimientos por su negocio y de los años de trabajo constante, Juan Ramón considera que su mayor legado es demostrar que es posible levantarse después del dolor.
Su historia es un recordatorio de que la fe no elimina las dificultades, pero puede convertirse en el sostén necesario para atravesarlas.
Hoy, más de dos décadas después de aquella tragedia, continúa compartiendo un mensaje sencillo pero poderoso:
«Dios me dio fuerzas para seguir cuando yo pensaba que ya no podía más».
Y quizás esa sea la enseñanza más profunda de su testimonio: que incluso en medio de las pérdidas más dolorosas, siempre puede existir una nueva oportunidad para vivir, creer y volver a empezar.
