Fe & Propósito

Trump impulsa multitudinario acto religioso en Washington para “reconsagrar” EE.UU. bajo Dios

Miles de personas asistieron en Washington a un evento promovido por Donald Trump que mezcló oración cristiana y mensajes políticos, reavivando el debate sobre la separación entre Iglesia y Estado en Estados Unidos.

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Miles de asistentes participaron en un acto religioso y político promovido por Donald Trump en el National Mall de Washington. Foto: Alex Kent para The New York Times

Miles de personas se congregaron este domingo en el National Mall de Washington D.C. para participar en una multitudinaria concentración religiosa y política promovida por el presidente Donald Trump, quien presentó el evento como un llamado a “volver a consagrar Estados Unidos como una nación bajo Dios”.

La actividad, celebrada en el corazón político de la capital estadounidense, combinó música cristiana, oraciones evangélicas y discursos de figuras conservadoras, en un ambiente marcado por símbolos religiosos y mensajes patrióticos.

Aunque Trump no asistió en persona, apareció mediante un video pregrabado en el que leyó un pasaje del libro bíblico de II Crónicas, texto ampliamente citado por sectores cristianos conservadores como un llamado al arrepentimiento nacional y a la restauración espiritual del país.

El vicepresidente JD Vance también participó a través de un mensaje grabado en el que aseguró que Estados Unidos “sigue siendo una nación de oración” y celebró lo que describió como “un regreso de los jóvenes a las iglesias”.

Una mezcla de fe y política

El evento reunió a importantes figuras del gobierno y líderes religiosos alineados con el movimiento conservador cristiano. Entre ellos estuvieron el secretario de Defensa, Pete Hegseth; el secretario de Estado, Marco Rubio; la directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard; y el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson.

Durante su intervención, Johnson declaró:

“Por este medio volvemos a consagrar los Estados Unidos de América como una nación bajo Dios”.

Sus palabras provocaron una ovación entre los asistentes, muchos de los cuales permanecieron durante horas bajo altas temperaturas, ondeando banderas, levantando las manos en señal de adoración y participando en oraciones colectivas.

En el escenario, decorado con elementos inspirados en vitrales góticos de iglesias, varios pastores evangélicos afirmaron que Estados Unidos fue fundado como una nación cristiana.

“Hoy estamos en una guerra espiritual”, expresó el pastor Gary Hamrick ante la multitud. “Es una batalla entre el bien y el mal, entre la verdad y la mentira”.

Debate sobre la separación entre Iglesia y Estado

El acto también reavivó el debate sobre la separación entre Iglesia y Estado en Estados Unidos, principio consagrado en la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense, que prohíbe al Congreso establecer oficialmente una religión.

Numerosos historiadores y expertos han cuestionado la narrativa promovida por sectores conservadores de que los fundadores concibieron el país como una nación explícitamente cristiana.

El historiador ganador del Premio Pulitzer Joseph Ellis calificó esa interpretación como “absurda” y “totalmente errónea”, argumentando que los fundadores buscaban precisamente evitar que el Estado favoreciera una religión específica.

Aun así, movimientos cristianos conservadores han intensificado en los últimos años sus esfuerzos por incorporar más símbolos y valores religiosos en la vida pública estadounidense, especialmente bajo el liderazgo político de Trump.

El cristianismo como eje del trumpismo

Desde su llegada a la política nacional, Trump ha fortalecido su alianza con sectores evangélicos conservadores, integrando cada vez más elementos religiosos en sus campañas y actos políticos.

En su segundo mandato, las expresiones de fe cristiana se han vuelto frecuentes dentro de la Casa Blanca y en sectores del gobierno republicano. Funcionarios como Hegseth han defendido públicamente la idea de un propósito divino ligado al poder y liderazgo de Estados Unidos.

El mitin formó parte de las actividades organizadas por el gobierno para conmemorar el 250 aniversario de la independencia estadounidense y evidenció la creciente influencia política del nacionalismo cristiano en el panorama conservador del país.

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