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EE. UU. obtiene control sobre 65,000 millones de barriles de petróleo venezolano en histórico acuerdo energético
Estados Unidos y Venezuela concretaron un acuerdo energético que otorga a Washington control mayoritario sobre más de 65,000 millones de barriles de reservas petroleras venezolanas, dentro de un ambicioso plan de inversión para reactivar la industria petrolera del país sudamericano
Estados Unidos y Venezuela avanzaron hacia una nueva y profunda relación energética con un acuerdo que concede a Washington control mayoritario sobre más de 65,000 millones de barriles de reservas petroleras probadas venezolanas, una operación presentada por la administración de Donald Trump como el mayor acuerdo petrolero de la historia.
El anuncio, realizado inicialmente por Trump el pasado 28 de agosto y posteriormente respaldado por la Casa Blanca y el Departamento de Energía estadounidense, contempla la participación del Gobierno de Estados Unidos en una nueva estructura empresarial privada destinada a desarrollar 17 yacimientos petroleros venezolanos. La operación contempla derechos de gobernanza, participación económica y acceso preferencial al crudo producido.
La magnitud del acuerdo resulta particularmente significativa porque las reservas involucradas equivalen a aproximadamente una quinta parte de las reservas probadas de Venezuela y superan incluso las reservas probadas de petróleo que actualmente posee Estados Unidos dentro de su territorio, estimadas por la Casa Blanca en unos 46,000 millones de barriles.
La estructura contempla una concesión de hasta 100 años para la explotación de los 17 campos a través de North American Blue Energy Partners (NABEP), compañía vinculada al empresario venezolano Alejandro Betancourt. Estados Unidos tendría una participación del 35 % en la empresa matriz, además de derechos preferenciales sobre parte de la producción.
El acuerdo forma parte de una estrategia mucho más amplia para recuperar la industria petrolera venezolana, severamente deteriorada después de años de caída de la producción, falta de inversiones y deterioro de la infraestructura. Actualmente Venezuela produce alrededor de 1.25 millones de barriles diarios, muy por debajo de los aproximadamente tres millones de barriles diarios que llegó a producir a finales de la década de 1990.
Washington apuesta a que la incorporación de capital privado y tecnología permita elevar considerablemente la producción venezolana y, al mismo tiempo, garantizar una nueva fuente de suministro para el mercado estadounidense.
Este miércoles, además, grandes empresas energéticas comenzaron a concretar nuevos compromisos en Venezuela. Chevron anunció inversiones superiores a US$7,000 millones con el objetivo de duplicar su producción hasta unos 600,000 barriles diarios, mientras la italiana Eni prevé invertir alrededor de US$1,500 millones en el desarrollo del campo Junín 5.
La administración Trump sostiene que la estrategia podría generar hasta US$100,000 millones en inversiones privadas y aproximadamente US$209,000 millones en ingresos fiscales para Venezuela, al tiempo que fortalece la seguridad energética estadounidense.
Sin embargo, el acuerdo también ha provocado cuestionamientos. Expertos y sectores de la oposición venezolana han puesto en duda la transparencia, la viabilidad jurídica y la duración de la operación, mientras algunos analistas advierten que recuperar campos petroleros deteriorados y aumentar significativamente la producción podría tomar años y requerir inversiones multimillonarias.
Otro elemento que genera debate es la naturaleza del crudo venezolano. Gran parte de la producción es pesada y con alto contenido de azufre, lo que requiere refinerías e infraestructura especializada. Por esa razón, el secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, planteó incluso la posibilidad de intercambiar crudo venezolano pesado por petróleo estadounidense más liviano para contribuir a la recuperación de la Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos.
Más allá de las cifras, el acuerdo representa un giro radical en el mapa energético y geopolítico de Venezuela. La entrada directa de Washington en una porción tan significativa de sus reservas coloca nuevamente al país sudamericano en el centro de la estrategia energética estadounidense y reduce el espacio que durante años ocuparon empresas e intereses de países como China y Rusia